La zona de la barbacoa acumula utensilios, restos y manchas de grasa con más rapidez que el resto del jardín, simplemente por el tipo de uso que recibe. Mantenerla en orden no exige grandes esfuerzos, pero sí unos hábitos sencillos que se repiten con cierta regularidad. Así, cada vez que llegan invitados, el espacio está listo y no hay que empezar limpiando.
Un lugar fijo para cada cosa
Tener un sitio fijo para las pinzas, los guantes, el cepillo y los demás utensilios evita que acaben perdidos por el jardín o guardados en cualquier rincón de la casa. Una caja con tapa o un pequeño mueble cerca de la barbacoa facilita encontrar todo lo necesario justo antes de empezar a cocinar, y protege los utensilios de la lluvia y del polvo.
La parrilla se limpia mejor cuando todavía conserva algo de calor que cuando se ha enfriado del todo, porque los restos de comida se desprenden con más facilidad. Hazlo con cuidado y con un utensilio de mango largo, sin acercar la cara ni las manos. Dejarlo para el día siguiente obliga a frotar bastante más y complica la tarea.
El suelo alrededor es la zona que más rápido se ensucia, con salpicaduras de grasa que cuestan más de quitar cuanto más tiempo pasa. Pasar un trapo o fregar esa zona nada más terminar evita que las manchas se asienten. Si el suelo es de piedra o de baldosa porosa, una pieza de tela o una bandeja debajo de la barbacoa ayuda a proteger la superficie.
Antes de guardar las cenizas o el carbón usado, espera a que se haya enfriado por completo y guárdalos en un recipiente de metal con tapa, lejos de cualquier material que pueda arder. El carbón sin usar debe permanecer protegido de la humedad, en un contenedor cerrado, para que no se estropee antes de tiempo.
Con estos hábitos sencillos, la zona de la barbacoa se mantiene agradable durante toda la temporada, lista para usarse en cualquier momento y sin necesidad de una gran limpieza cada vez.