Un patio pequeño tiene una ventaja que muchos jardines grandes envidian: está resguardado del viento y de las miradas, y casi siempre se vive como una habitación más de la casa. También tiene un reto, porque cada objeto se nota mucho. Con pocas decisiones bien pensadas, el espacio resulta acogedor en lugar de recargado, y merece la pena mirarlo con calma antes de mover nada.
El suelo marca el tono del espacio
Las baldosas son lo primero que se ve, así que conviene empezar por ellas. Los colores claros reflejan la luz y hacen que el patio parezca más amplio, mientras que las piezas muy pequeñas, con muchas juntas, dan la impresión de un suelo troceado. Si el suelo ya existe y no te convence, no hace falta cambiarlo: una buena limpieza de las juntas y unas cuantas macetas bien colocadas pueden transformarlo bastante.
Las macetas funcionan mejor en grupos que repartidas por todo el patio. Un rincón con macetas de distintas alturas crea un punto de atención claro y deja libre el resto del suelo para caminar sin tropezar. Pon las más altas al fondo, junto a la pared, y las bajas delante; así cada planta recibe su parte de luz y se ve entera.
Piensa en el peso antes de elegir el sitio definitivo. Una maceta grande, llena de tierra húmeda y con la planta ya crecida, es muy difícil de mover. Lo más práctico es probarla vacía en varios lugares, mirar cómo queda a distintas horas del día y solo entonces llenarla. Si sabes que querrás cambiarla de sitio de vez en cuando, una base con ruedas te ahorrará muchos esfuerzos.
Observa la luz durante unos días antes de comprar plantas. En un patio rodeado de paredes, el sol puede entrar solo durante un rato, y eso decide qué plantas van a prosperar. Los helechos y las hiedras suelen llevar bien la sombra, y muchas aromáticas agradecen el sol directo, así que conviene elegir según lo que ofrece cada rincón.
Deja también un hueco para sentarte. Una silla pequeña y una mesa plegable bastan para que el patio se use de verdad, y los estantes en la pared liberan suelo sin quitar verde. Cuando cada cosa tiene su sitio, el patio acaba siendo el rincón más usado de la casa.