Una ducha exterior no tiene por qué ser una instalación complicada para resultar útil. Incluso una versión sencilla, pensada para enjuagarse después de la playa, de la piscina o de una tarde de trabajo en el jardín, cambia bastante la comodidad del verano. Antes de decidir nada, conviene pensar dónde va a ir, por dónde se va a marchar el agua y quién la va a usar con más frecuencia.
Elegir bien el lugar
La ubicación es la primera decisión. Busca un rincón que ofrezca algo de intimidad sin quedar escondido del todo: junto a una pared, un cañizo o una hilera de plantas altas suele funcionar mejor que una zona abierta y visible desde toda la parcela. Piensa también en el sol, porque una ducha que recibe luz por la tarde se agradece mucho en los días más calurosos.
El suelo bajo la ducha necesita atención para que no se forme barro ni se estanque el agua después de cada uso. Una capa de grava, una tarima de madera con separaciones entre las tablas o unas baldosas rugosas resuelven el problema sin necesidad de grandes obras. Lo importante es que el agua tenga por dónde escapar y que no acabe justo al pie de una pared o sobre plantas que no soportan tanta humedad.
La temperatura del agua depende del uso. Para muchos basta con agua fría, que en pleno verano resulta agradable, mientras que otros prefieren una manguera que se deja un rato al sol para que salga más templada. Si se usa jabón, es mejor que el agua sobrante no vaya a parar a las plantas más delicadas del jardín.
Un gancho, un estante o una barra pequeña cerca de la ducha permiten dejar la toalla, el bañador y las chanclas sin tener que entrar en casa con los pies mojados. Una alfombrilla de rejilla o unas piedras planas en el suelo evitan resbalones y mantienen los pies limpios mientras te secas.
Cuando termina la temporada, conviene vaciar bien las mangueras y guardar todo lo que se pueda desmontar, para que dure de un verano al siguiente. Con una instalación sencilla y bien pensada, la ducha exterior se convierte enseguida en uno de los rincones más apreciados del jardín, tanto para los adultos como para los más pequeños.